Vida y milagros de Mendeleiev

Dmitri Ivanovich Mendeleiev falleció el 2 de febrero de 1907 en San Petersburgo, a punto de cumplir los setenta y tres años y a consecuencia de una gripe.

Puede resultar chocante comenzar una biografía con el deceso de su protagonista, pero en esta ocasión hay un buen motivo: como debiera resultar evidente, en 2007 se cumplen cien años de la muerte del “elemento” que introdujo el orden en la química.

Dicho esto, se impone un segundo salto atrás en el tiempo, hasta el 17 de marzo de 1869, al estudio de Mendeleiev en San Petersburgo. Fecha y escenario de uno de los momentos decisivos de la historia de la ciencia.

Fue allí y entonces cuando el hasta ese momento poco destacado químico ruso alcanzó por fin la solución a un problema al que llevaba dándole vueltas desde que había comenzado a preparar su libro de texto “Principios de química”: cómo estructurar los contenidos. O lo que es lo mismo, cómo ordenar de forma sistemática los elementos químicos.

Se me apareció en sueños

Por aquel entonces se empleaban dos criterios independientes: disponerlos en orden creciente de peso atómico, o agruparlos según sus propiedades químicas y físicas. El problema (ese que rondaba a Mendeleiev) surgía debido a que al ordenarlos por su peso atómico los elementos consecutivos presentaban propiedades bien distintas; y al disponerlos en función de sus propiedades lo que se obtenía eran grupos "aislados" de elementos con pesos atómicos muy diferentes. En resumidas cuentas, que ambos criterios parecían incompatibles. Parecían.

Para resolver este dilema Mendeleiev escribió el nombre de los sesenta y cinco elementos conocidos por aquel entonces en tarjetas individuales junto a sus propiedades más importantes –entre ellas el peso atómico y la valencia de enlace- y se dedicó a probar distintas distribuciones, hasta que dio con la combinación adecuada, que de inmediato copió en un papel. Así nació la primera tabla periódica. Bueno, así y con un poco de "atrezzo", ya que las distintas versiones del legendario episodio incorporan detalles de lo más dispares. Desde que la disposición definitiva se le apareció en sueños hasta que está inspirada en la forma de ordenar las cartas en el juego de ídem de "El solitario".

En esencia, la clave de esa distribución definitiva era que los grupos de elementos con propiedades semejantes se disponían unos con respecto a otros en orden creciente de peso atómico. De este modo, el elemento que encabezaba cada grupo pesaba más que el primero del grupo previo pero menos que el que abría el grupo siguiente. Y la misma relación se presentaba entre los segundos elementos de cada grupo, etc.

La tabla de la ley (periódica) y un segundo milagro

El gran logro de Mendeleiev fue percatarse de que la periodicidad era algo inherente a la naturaleza química. Una idea que plasmó tanto en la teoría, con su ley periódica: "las propiedades de los elementos químicos no son arbitrarias sino que varían con sus pesos atómicos de forma sistemática"; como en la práctica, al disponer los elementos en una tabla en la que cada uno estaba “predestinado” a una casilla determinada en función de sus propiedades. Expresado de un modo intuitivo, no había que construir una tabla en función de los elementos conocidos, sino que estos se debían encajar en un esquema global, natural, perfecto. Tan seguro estaba de ello que en su tabla dejó huecos –en los sitios donde ninguno de los elementos conocidos verificaba la periodicidad esperada-, destinados a elementos aún por descubrir, de los que, además predijo con gran precisión las propiedades químicas que deberían presentar a partir de la posición que ocupaban en la tabla periódica. He aquí el otro gran milagro del santo Dmitri.

El posterior descubrimiento de estos elementos y la constatación de que sus propiedades encajaban perfectamente con las vaticinadas por el ruso acabaron por elevar a éste a los altares de la ciencia y convertir a la tabla periódica de los elementos en la herramienta fundamental para los químicos.

Otros “milagros” menores

Lejos de abandonar los “Principios de química” (recuerda: el proyecto de libro), Mendeleiev acabó escribiendo un mamotreto dividido en dos volúmenes que se convirtió en un éxito de ventas, fue traducido a distintos idiomas y vio varias ediciones.

En 1893 Mendeleiev se convirtió en el director de la Oficina de Pesos y Medidas (desde donde también introduciría el empleo del sistema internacional de unidades en el imperio ruso) encargándose de fijar los estándares para la producción del vodka. Tras un año de investigación estableció una proporción de una molécula de etanol por cada dos de agua, lo que traducido al proceso industrial y a la legislación rusa supuso que todo el vodka del imperio debía contener un 40% de alcohol en volumen. Una norma que continúa vigente.

Visto lo visto, es normal que su nombre sea conocido hasta en la Luna, donde hay un cráter que lleva su nombre. Como también lo lleva el elemento químico 101, que fue descubierto en 1955 y bautizado en su honor como mendelevio.

¿Y qué fue de su vida?