La enfermedad de la viruela. Marcas en la piel

La viruela y su vacuna dejan unas marcas características sobre la superficie de la piel. Aquí se presentan diversas muestras gráficas de estas cicatrices, de la evolución de las pústulas de la enfermedad y de otras marcas de la piel.

La viruela fue una de las enfermedades más temidas

Aunque la viruela causaba ceguera y muerte, casi era más temida por el carácter desfigurante de sus cicatrices faciales: párpados vueltos, labios monstruosos, nariz medio roída, pérdida de dentadura. Tampoco era extraño que los enfermos desarrollaran sordera, parálisis, diversas mutilaciones, trastornos digestivos e incluso demencias.

El período de incubación es de unos 10 ó 12 días. Al cabo de ese tiempo la persona sufre malestar general, fiebre elevada, y unas sensaciones dolorosas que recuerdan las de una gripe fuerte. Unos 2 ó 3 días después aparece una erupción en la cara que, en los dos días siguientes, se extiende por el cuerpo. Su distribución es más densa en la cara y en las extremidades que en el tronco.

Las pústulas que origina son pequeñas, rojas, parecidas a granos, y aumentan rápidamente de tamaño convirtiéndose en vesículas. Primero están llenas de líquido limpio pero hacia el quinto día de la erupción se hacen purulentas. En los casos más graves pueden llegar a deformar la cara del enfermo hasta el punto de resultar irreconocible.

Hacia el décimo día comienzan a formarse costras. Estas se desprenden a las tres semanas dejando zonas despigmentadas, que pueden formar terribles cicatrices; las que tienen forma de hoyuelo se llamaban popularmente “picaduras de viruela”. Las complicaciones que afectan a órganos como el corazón y los pulmones son las que causan el elevado índice de fallecimientos. Cuando surge, la muerte sucede entre la primera o segunda semana de la enfermedad. Una vez contraída no existe un tratamiento eficaz.