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El esqueleto humano está formado por un tejido vivo, en el que quedan reflejadas muchas características de la vida de una persona, y de las circunstancias que acompañaron su muerte. Por eso su estudio es de gran importancia para la investigación criminal, y para el conocimiento de cómo eran y vivían los antepasados de nuestra especie.
La edad, el sexo, la raza, la estatura, el grado de actividad física o la corpulencia se pueden averiguar mediante la comparación de las medidas de los huesos que se estudian con las registradas en tablas elaboradas a partir de datos conocidos. También muchas lesiones y enfermedades dejan su huella. Por ejemplo, una fractura soldada indica que la persona sobrevivió a la misma, mientras que si no lo está, lo más probable es que muriera.
Gracias al estudio de restos óseos se está reconstruyendo la evolución del nuestra especie. Se sabe, por ejemplo, que los primeros humanos comenzaron a caminar hace unos 4 millones de años, y que hace unos 2 millones de años practicaban el canibalismo.
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