Un mecanismo de palanca permite comprobar la acción de los huesos, que como palancas, multiplican la fuerza de los músculos. El visitante puede levantar un peso y comprobar la fuerza que es necesaria para elevarlo con diferentes longitudes de brazo.

Entre las principales funciones del esqueleto están el favorecer la locomoción y permitir el desarrollo de movimientos rápidos. También es primordial su papel como estructura que sostiene el cuerpo y la que protege sus órganos más delicados (como el cerebro, el corazón o los pulmones).

Los músculos pueden contraerse bruscamente pero sólo son capaces de reducir su longitud en una pequeña fracción. Gracias a que están unidos a los huesos pueden multiplicar la eficiencia de su movimiento. Así, cuando se unen al extremo de un hueso largo, pueden provocar un desplazamiento mucho mayor en el otro extremo. Por ejemplo, una contracción muscular de 4 centímetros puede provocar un movimiento de 20.

Por este motivo se dice que en su conjunto, los huesos, las articulaciones y los músculos constituyen palancas. Las principales palancas del cuerpo humano se hallan en las extremidades, y están destinadas a permitir grandes, amplios y poderosos movimientos. Las de las piernas son más fuertes que las de los brazos, aunque tiene menos variedad de posiciones al moverse.