Los científicos han dado a cada hueso del esqueleto humano un nombre propio que, en general, procede del latín o del griego. Existen, sin embargo, huesos accesorios que no aparecen en todas las personas y que reciben nombres genéricos; son los huesos wormianos, que se forman en la zona de unión entre los huesos craneales. Se llaman sesamoideos los que pueden aparecer en los tendones de las articulaciones. La rótula de la rodilla es el más grande de ellos.

El número de huesos de un esqueleto humano se reduce, desde los 350 que puede tener al nacer, hasta los 206 que quedan en el adulto. Esto sucede porque muchos se fusionan, como los del cráneo o las cuatro últimas vértebras de la columna, que llegan a formar un solo hueso, el cóccix.

Pero aún así, este número es variable, pues algunas personas pueden tener un par de costillas adicionales o alguna vértebra de menos. Por ejemplo, la mayor parte de la personas tienen 12 pares de costillas, aunque 1 de cada 20 posee 13; pero las de origen mongol tienen sólo 11 pares.