Los requerimientos de calcio varían a lo largo de la vida. De hecho, la cantidad de ese elemento que necesitamos cada día no deja de aumentar hasta el final de la época de crecimiento, aproximadamente a los 25 años.

En la edad adulta se necesita una cantidad constante, excepto en situaciones con una mayor demanda, como el embarazo y la lactancia. Es importante cuidar la alimentación de las madres que están amamantando a sus hijos recién nacidos. Si no reciben todo el calcio que necesitan para proporcionarle a su hijo una leche nutritiva, su organismo utilizará la reserva de calcio de su propios huesos, que pueden llegar a quedar resentidos.

En la edad madura se sigue necesitando renovar la estructura ósea, y por tanto la demanda de calcio se mantiene, pero el organismo no tiene la misma capacidad para absorberlo. Por eso es importante mantener los niveles adecuados de calcio, una ayuda para frenar el deterioro de los huesos por la osteoporosis.

También hay que tener en cuenta que un exceso de calcio podría ser contraproducente, y en general no se debe subir de 2.000 miligramos al día. Un exceso en el consumo de calcio puede traer consigo la aparición de cálculos renales, alteraciones de la consciencia o estreñimiento.