Se exponen aquí embriones de diferentes animales para poder observar, mediante lupas, cómo se va formando el tejido óseo en cada momento del desarrollo embrionario.

Al principio de la gestación los huesos del esqueleto no son más que cartílago, una sustancia muy resistente y de aspecto lechoso. Gradualmente, el feto inicia un proceso que convierte ese cartílago en hueso verdadero. Por poner un ejemplo, nuestro fémur no empezó siendo un fémur pequeño, sino una flexible varilla de cartílago que luego se mineralizó. Pero este proceso no se detiene con el nacimiento, sino que continúa aproximadamente hasta los veinticinco años.

A partir de la sexta semana de embarazo los huesos del feto comienzan a crecer rápidamente. Entre el sexto y séptimo mes están completamente desarrollados, pero permanecen blandos y flexibles. Es en este momento cuando comienzan a almacenar calcio y fósforo para fortalecerse. Casi todo el almacenamiento sucede en el último mes de gestación, que coincide con el período de calcificación rápida de los huesos y un veloz aumento de peso.

Además de los genes, el crecimiento óseo está regulado por numerosas hormonas. También es importante la nutrición, que fortalece al hueso al aportar las cantidades apropiadas de calcio y vitamina D.