Se presentan varios cráneos humanos de diferentes edades. Se trata de averiguar, mediante un juego de pulsadores, de qué edad es cada uno de ellos. Un panel presenta radiografías reales del cráneo de personas de diferentes edades.

El esqueleto cambia con la edad de las personas. Existen dos períodos de mayor crecimiento, uno durante los dos primeros años de vida y otro en la adolescencia. En el primer año la estatura aumenta en un 50%, y en la adolescencia se puede crecer 15 centímetros al año. Entre ambos períodos el crecimiento es de 5-7 centímetros al año.

Los huesos largos son los que más crecen; se extienden por sus extremos debido a la actividad de unas células cartilaginosas. Cuando estas células pierden su actividad, los centros de crecimiento se calcifican y el hueso ya no crece más. Esto sucede hacia los 17 años en los varones, y hacia los 20 en las mujeres. El esternón, sin embargo, sigue creciendo hasta los 25.

También la madurez conlleva cambios en el sistema esquelético. Por ejemplo, a partir de los 35-40 años tiende a perder peso y los huesos craneales se fusionan, desapareciendo las suturas o líneas de unión. Con más edad, el hueso de la mandíbula reduce su tamaño y el esqueleto disminuye en altura (la razón es que los discos que separan las vértebras se vuelven más delgados).

El cráneo humano comienza siendo un conjunto de treinta piezas cartilaginosas, que se van osificando con la edad. Hasta los 18 meses tiene varias aberturas, las fontanelas, que están formadas por una membrana que se calcifica. Los huesos, que al principio están separados, se van soldando con el paso del tiempo. Al principio, las uniones o suturas se observan como líneas de forma serpenteante o en dientes de sierra; entre los 30 y 40 años empiezan a borrarse hasta desaparecer. Estos procesos permiten calcular con bastante precisión la edad de la persona a la que perteneció el cráneo.