Maremoto | La ola destructora viaja camuflada

Un maremoto o tsunami es una cadena de olas provocadas normalmente por terremotos o deslizamientos de tierra submarinos. En mar abierto pasan desapercibidas, pero al llegar a la costa pueden tener efectos devastadores. El 26 de diciembre de 2004 un maremoto dejó más de 300.000 víctimas en 12 países del sur de Asia.

7,5

Magnitud mínima de un terremoto submarino capaz de generar un maremoto.
Lo que ocurrió entonces fue que un potentísimo terremoto, de 9,3 en la escala de Richter, rompió y deformó el fondo marino, empujando hacia arriba una enorme masa de agua y poniendo en marcha las ondas del maremoto. La catástrofe natural sorprendió a millones de habitantes y turistas en la costa del Índico, pues a falta de un sistema de alerta los tsunamis no pueden detectarse hasta que llegan a la costa. Las temidas olas viajan camufladas en alta mar, pues aunque la onda se desplaza a cientos de kilómetros por hora, la cresta de las olas no levantan más de un metro. Además, la separación entre dos olas consecutivas puede llegar a los 100 km.

Mientras que el viento de un fuerte temporal o un huracán levanta en mar abierto grandes olas, las de un maremoto nada tienen que ver con ésas. Sólo se manifiestan cuando se frenan al llegar a tierra y dependiendo de cómo sea la costa, pueden levantarse más de 10 metros o llegar en forma de una fuerte y repentina marea. Así es el tsunami, como lo llaman los pescadores japoneses de quienes tomamos prestada esa palabra, que significa "ola del puerto". Ellos están más acostumbrados a este fenómeno, pues en el océano Pacífico se producen el 85% de los tsunamis de todo el planeta. Allí sí hay un sistema de alerta de tsunamis: una red de sensores de presión y sofisticadas boyas interconectadas por satélite, que detectan el maremoto aunque no permiten saber si va a ser destructivo o si sólo subirá la marea unos centímetros, que es lo que pasa en 3 de cada 4 alertas.

Como pasa con los terremotos, la ciencia de los tsunamis no es exacta. Puede predecirse dónde ocurrirán, pero no cuándo. Además, un gran terremoto submarino no siempre produce un maremoto. Y también pueden provocarlo otros fenómenos como la erupción de un volcán, el impacto de un meteorito o un desplome de tierra, siempre que causen un brusco desplazamiento de una gran masa de agua.

En el Atlántico los maremotos son mucho menos probables, pero no imposibles: el terremoto de Lisboa de 1755 generó un tsunami que arrasó la costa de Cádiz. Ahora la preocupación sigue instalada frente a Indonesia, en una zona de subducción, en la que una placa tectónica de la corteza terrestre choca de frente con otra y se desliza bajo ella. Allí se dan por seguros varios seísmos más de primera magnitud. Lo que no se sabe es si ocurrirán en los próximos meses o en los próximos siglos.