Éxtasis | Riesgo de diseño
La molécula de MDMA (abreviatura de 3,4-metilendioximetanfetamina) fue sintetizada por primera vez en 1912 por científicos que buscaban un medicamento para detener hemorragias. Dos años más tarde se patentó, pero sin conocer sus propiedades psicoactivas.
En los años 50 el MDMA reapareció ligado a experimentos militares con “sueros de la verdad”, y en la década posterior su uso clínico se hizo popular en las consultas de psicólogos estadounidenses. Desde mediados de los 80, ya prohibido su uso médico tras descubrir los efectos secundarios, la “nueva” droga se consume en fiestas de todo el mundo. A pesar de que las evidencias científicas demuestran su peligro para la salud, muchos consumidores todavía creen que su uso no supone riesgo alguno.
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Son los grados a los que se puede elevar la temperatura corporal por el consumo de estas drogas.Como la mayoría de las drogas de diseño, el éxtasis deriva de la anfetamina, estimulante que disminuye la sensación de fatiga física, el hambre y el sueño. Sus efectos se basan en el aumento de los niveles de los neurotransmisores serotonina, noradrenalina y dopamina. Comienzan a notarse a los 20 minutos de la ingestión y duran de tres a seis horas. El MDMA se distribuye en forma de pastillas, cápsulas o polvo. Al tratarse de una sustancia prohibida, se fabrica en laboratorios clandestinos donde nadie garantiza su composición, la dosis de éxtasis que contiene cada píldora o la inocuidad de las substancias con que suele adulterarse. Algunas drogas que se venden como éxtasis líquido no son en realidad MDMA. Se trata de otro tipo de sustancias que no derivan de la anfetamina y que puede tener efectos más nocivos en el cuerpo humano.
Los peligros del éxtasis se manifiestan tanto a corto como a largo plazo. Se han dado casos de muerte por reacciones severas tras su ingestión, incluyendo el descenso brusco de la temperatura corporal y los niveles de sodio en la sangre. Diversos estudios advierten sobre la necesidad de controlar la temperatura del cuerpo, evitar la deshidratación y solicitar ayuda médica inmediata en caso de una reacción adversa. A largo plazo los efectos neurotóxicos del DMDA se relacionan con síntomas psíquicos como confusión, depresión, insomnio, ansiedad severa y paranoia; y a síntomas físicos que incluyen tensión muscular, náuseas, visión borrosa, movimientos rápidos oculares, desmayos y escalofríos. Las investigaciones más recientes relacionan el consumo de esta droga con el deterioro de ciertas zonas del cerebro y la pérdida de memoria. En cualquier caso, todavía no se conoce en detalle la evolución, persistencia y reversibilidad de los daños que provoca el DMDA en el cerebro.