Matar para vivir
Comer y no ser comido

El cangrejo se siente desprotegido cuando sale a buscar comida. Camina amenazante con las pinzas en alto, advirtiendo a los posibles depredadores de que lo mejor es dejarlo en paz. De pronto, percibe el peligro y se queda inmóvil. Perfectamente camuflado, el pulpo que le seguía con la vista mientras se movía ahora no tiene muy clara su situación. Para incitarlo a desplazarse cambia de color como si un arco iris atravesara su cuerpo varias veces . El cangrejo se mueve lo justo para que el pulpo confirme su posición y decida atacar. Pero, guiada por el olor del cefalópodo, aparece una morena que, haciendo inútil toda estrategia de camuflaje visual, tras unas cuantas dentelladas se come al pulpo.

El desarrollo de la vida lleva implícita la necesidad de energía, que se obtiene de la alimentación. Las macroalgas y el fitoplancton, de la misma forma que las plantas terrestres, son organismos capaces de transformar la materia inerte en orgánica usando para ello la energía solar. Pero todos los animales necesitan comer otros seres vivos para vivir. Esta maraña en la que unos producen materia orgánica y el resto se comen entre ellos se conoce como cadena trófica.

Hace cientos de millones de años los cefalópodos llegaron a estar en una cumbre en la que pocos se los comían; pero en el presente sirven de alimento a numerosas especies de tiburones, peces óseos, aves y mamíferos marinos. Por ello han desarrollado una amplia gama de estrategias defensivas fundamentadas en reducir las posibilidades de encuentro con los depredadores. Pero no se puede pasar toda la vida camuflados, hay que salir a buscar comida y evitar, al mismo tiempo, ser comido. Para conseguir este doble objetivo han perfeccionado los sistemas de defensa, siempre alerta, y se han dotado de un complejo arsenal ofensivo. La selección natural les ha enseñado la lección: el ataque puede fallar algunas veces, pero la defensa nunca.

Los cefalópodos son carnívoros, y para comer han diseñado diversas estrategias de caza. Éstas no sólo varían según la especie, sino que un mismo individuo puede escojer la técnica más apropiada en función de cada presa.

La dieta depende del lugar en el que viven. Los calamares, debido a su vida pelágica, se alimentan principalmente de peces. Los que habitan en el fondo, como sepias o pulpos, comen cangrejos, camarones, moluscos, y en menor medida peces.

La vista es el sentido más utilizado por los cefalópodos para la búsqueda de comida, y después el tacto, olfato, e incluso unos receptores equivalentes a la línea lateral de los peces, que funcionan como un oído de baja frecuencia permitiendo la detección de presas –y depredadores- a distancia.

En Sepia officinalis se ha observado una secuencia de ataque visual para la caza del camarón que consta de tres fases y cuyo patrón siguen también otros cefalópodos. Primero, el depredador presta atención a la presa, observándose cambios en su comportamiento. Para distraerla levantan y mueven el primer par de brazos, y a veces el segundo. Después pasa a la fase de posición, nadando lentamente hasta situarse a la distancia apropiada para ejecutar la tercera fase, el ataque. En un instante lanza los tentáculos hacia el camarón, adheriéndolos y sujetándose rápidamente con los brazos. La secuencia puede variar según la presa: si ésta es un cangrejo, a menudo sustituye la última fase por un salto sobre el animal.

La emboscada es otra técnica visual de caza. Los pulpos utilizan sus extraordinarias habilidades para mimetizarse con el entorno y acechar a las presas. Las sepias aguardan semienterradas en la arena, e incluso se han descrito comportamientos similares en calamares, que se tumban sobre el fondo adoptando su color, volviéndose poco menos que invisibles. En todos estos casos el método es muy sencillo: echarse y esperar, y cuando la potencial presa se sitúa dentro del radio de acción, el ataque es fulminante.

Los cefalópodos de aguas profundas usan fotóforos y tentáculos a modo de cebo para “pescar” otros animales. En ocasiones, las sepias también usan este sistema, oscureciendo el cuerpo de modo que destaque más el primer par de brazos, luego los mueve lentamente hacia un lado y otro, hasta que algún camarón “pica”.

Pero las estrategias citadas no sirven cuando se trata de capturar peces de natación rápida. Por su velocidad, no es posible perseguirlos, con la emboscada pasarían tan rápido que no daría tiempo a reaccionar, y el cebo ni lo miran. Renunciar a estos pececillos no tendría sentido considerando la inmensa cantidad de sardinas, jureles o anchoas que habitan en las costas de todo el mundo. La evolución debería haber favorecido el diseño de técnicas de captura de estos peces.

Y eso es lo que ocurrió. La estrategia comienza una vez que detectan la presa; algunos calamares inician entonces una sigilosa persecución con la cabeza atrás para aprovechar mejor el impulso del chorro. Deben poner mucho esmero para no ser descubiertos, ya que entonces el pez huiría. Cuando el cefalópodo está cerca de su cola -por ser donde menos posibilidades tiene de ser detectado- inicia una rápida maniobra de giro, situando los tentáculos hacia delante y gracias al cambio de dirección del sifón se abalanza sobre el pez.

Aunque la boca es pequeña, el uso de los brazos para atrapar la presa mientras se la come justifica que muchos investigadores afirmen que los cefalópodos poseen una “gran boca funcional”. Pensemos que cualquier vertebrado que quiera comer presas grandes necesita una boca de tamaño acorde, excepto los que usamos las manos, claro.

Si se trata de presas menos veloces, rara vez si son peces, la persecución continúa aunque se descubran las intenciones del cefalópodo. Los pulpos siguen al cangrejo hasta atraparlo, constituyendo un ejemplo de persecución “guiada visualmente”. Otros, como las jibias, cuando fracasa el intento de caza suelen comenzar de nuevo toda la operativa, si bien en este caso el instante del ataque no está guiado visualmente, sino que sólo lanza los tentáculos -o todo el cuerpo- una vez que ha determinado su posición, denominándose “ataque balístico”.

El estudio de las técnicas de ataque del calamar Sepioteuthis sepioidea nos muestra la complejidad del comportamiento de los cefalópodos. Se han descrito cuatro formas distintas de cazar: la persecución; la emboscada camuflándose entre algas flotantes; la imitación al hervíboro pez loro, mediante la exhibición de dos puntos negros y variando la forma corporal, de modo que las presas no huyan al ver acercarse a un “pez inofensivo”; e incluso la caza especulativa basada en el sentido del tacto, removiendo los fondos de arena en busca de comida.

Y es que, después de la vista, el tacto es el sentido más importante en la alimentación de numerosos cefalópodos. En él se basan muchos pulpos cuya dieta consiste en cangrejos y bivalvos: a ciegas, hurgan con los tentáculos entre las fisuras hasta que localizan la presa. Otros también escarban en la arena para detectar crustáceos y moluscos enterrados. No mirar tiene sus riesgos, pudiendo encontrarse con la desagrable sorpresa de que quién vive en la grieta es una morena; entonces se dan a la fuga de inmediato, a menudo con algún tentáculo de menos.

A veces el hambre hace bajar la guardia, y otras su intensidad provoca que animales de la misma especie se devoren entre sí. De hecho, el canibalismo es común en los cefalópodos. Se sabe que en sus primeras semanas de vida existe una alta incidencia de canibalismo, y que éste se extiende a las fases juveniles, aunque con menos frecuencia. Numerosas especies de pulpos son caníbales en su vida adulta, siendo tanto más fácil que se presente cuanto mayor sea la diferencia de tallas.

Hemos visto que los cefalópodos son excelentes depredadores, y que a su vez son comidos por otros animales. La mayor parte de lo que sabemos sobre su comportamiento alimenticio se debe a estudios realizados en laboratorio y acuarios. Ahora el reto es profundizar en las investigaciones realizadas en sus propios hábitats, donde las respuestas no se hallan influenciadas por nuestra presencia. No es tarea sencilla, pero la fascinación que produce su estudio compensará sobradamente los esfuerzos.