Los pulpos más gramdes del mundo
El Haliprhon atlanticus también vive en Galicia
"Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres”
Flora Tristan
A lo largo de la historia, el mar se nos ha presentado como algo misterioso, que superaba el entendimiento humano. Las respuestas tenían que venir, necesariamente, de la imaginación. Los mitos servían no sólo para “explicar” lo ininteligible, sino que podían hacer menos temible la cara oculta de los desconocidos océanos.
Pero algunas leyendas tenían el efecto contrario. Pocas historias del mar fueron tan terroríficas para los marinos de antaño como la del Kraken. Se decía que un enorme animal, de dimensiones superiores al mástil principal de un gran velero, surgía de las profundidades, atrapaba el barco con sus brazos y lo hundía. La tripulación moría ahogada o devorada por el monstruo.
Pero, ¿qué animal era el Kraken? La versión más divulgada dice que se trata de alguna especie de calamar gigante, probablemente del género Architeuthis. Sin embargo, se ajusta mucho mejor a la leyenda la hipótesis de que fuera un pulpo gigante. Bien pudiera ser un ejemplar similar al hallado en Florida en 1896, identificado por el profesor Verrill, zoólogo y autoridad mundial en cefalópodos, que le atribuyó un peso total, en vida, de unas veinte toneladas, y una envergadura próxima a los sesenta metros. Le llamó Octopus giganteus y así fue publicado en el “American Journal of Science” en 1897, aunque poco después se retractó, ante las evidencias de que pudiera ser simplemente el cadáver de un cachalote. En la actualidad, criptozoólogos de todo el mundo siguen enfrascados en el estudio sobre la hipotética existencia de pulpos de dimensiones colosales, allá abajo, en algún lugar.
Considerando la gran diversidad de culturas que hablan de este mito, probablemente el Kraken sea una especie diferente según la parte del mundo en que nos hallemos. En la costa asturiana vienen varando con relativa frecuencia restos de calamar gigante, y en Galicia también está citada la presencia de especies como el famoso Architeuthis, e incluso pulpos gigantes.
Un día de verano de 2001, el pesquero “Sarridal” faenaba treinta millas al norte del coruñés Cabo Prior, en un caladero que los pescadores llaman “As Paredes” . Como tantas otras veces, estaban virando los rascos, red con la que se pescan los rapes, cuando la tripulación vio surgir del mar una amorfa masa de gelatina envuelta en la red. Aunque venía algo deteriorado, no hacía falta ser un experto para comprobar que era una extraña especie de pulpo: poseía brazos, ventosas, ojos y boca con el típico “pico de loro”, pero, a diferencia de los pulpos comunes, medía unos dos metros, tenía constitución gelatinosa y color tirando a morado translúcido. Era un pulpo, sin duda, pero “vulgar”, no.
Hechas las oportunas averiguaciones, se confirmó que se trataba de un macho de la especie conocida como “pulpo de siete brazos”, al que los científicos llaman Haliprhon atlanticus y que está reconocido científicamente como el octópodo más grande del mundo . Eso sí, es más pequeño que los grandes calamares de las profundidades oceánicas, pero, dentro del grupo de los pulpos es la especie más grande, pudiendo alcanzar los cuatro metros de envergadura total.
Lo de “siete brazos” se debe a que los machos desarrollan el tercer brazo de la derecha modificado en una bolsa debajo del ojo, llamado “hectocótilo”. Durante la cópula, el hectocótilo se lo queda la hembra, conteniendo la carga de gametos sexuales del macho. Al no ser visible, da la sensación de que los machos de Haliprhon sólo poseen siete brazos en lugar de los ocho habituales en los octópodos, y que dan lugar a su nombre . La familia Haliphronidae está considerada actualmente como monotípica, al ser H. atlanticus la única especie reconocida.
Su cuerpo es relativamente corto, comprende un tercio de la longitud total, y está fuertemente pigmentado en tono rojo oscuro. Posee ojos grandes, de un diámetro de aproximadamente del 40% de la longitud del manto. Los brazos son largos, también intensamente pigmentados, y tienen dos filas de ventosas cerca de la punta, aunque en la zona próxima al cuerpo posee una sola fila.
Los Haliphron atlanticus son pulpos que viven en alta mar, con un amplio rango de distribución en profundidad. Aunque existen registros de adultos que fueron capturados cerca de la superficie, la mayoría de los especímenes han sido obtenidos entre los 300 y 1.500 metros. Están presentes en aguas tropicales y frías de todo el mundo. Se cree que los adultos son bentónicos, que viven en el fondo, mientras que las paralarvas son pelágicas, nadando libres en el agua, de modo que según crecen habitan zonas más profundas. Se supone que es un depredador que nada activamente, dado el buen desarrollo de las estructuras de la boca, y la existencia de un aparato de cierre del gran sifón con el manto, lo que le permite desplazarse mejor. Esta especie no tiene interés comercial, o al menos gastronómico.
Los hábitats profundos de los océanos son los más extensos de nuestro planeta y a la vez los más desconocidos, ya que para acceder a ellos se necesita una tecnología cuando menos equiparable a utilizada en la investigación espacial. Se descubren nuevas especies cada vez con más frecuencia. No es de extrañar que, a modo de símil con el “espacio exterior”, a las zonas profundas y frías de los océanos se les denomine “espacio interior”. Su exploración ha avanzado considerablemente en los últimos años, y a buen seguro que nos deparará grandes sorpresas en el futuro.
ANEXO:
El hombre puso nombre a todos los animales
(Man Gave Name to All the Animals. “Slow train coming”. 1979. B. Dylan)
La nomenclatura de las especies
Los nombres comunes de las especies animales y vegetales son distintos en cada país, y en la mayoría de los casos diferentes dentro de una misma ría y de una misma localidad.
Los animales y las plantas se clasifican según un organigrama en el que los grupos superiores agrupan a los inferiores, y con unas reglas dispuestas en los códigos de nomenclatura respetados por la comunidad científica, de tal modo que sea más fácil ordenar la enorme diversidad de especies que viven en el planeta. Esta clasificación no está terminada ni mucho menos, ya que cada día se descubren nuevas especies, y se mejora el conocimiento de las ya descubiertas; así las clasificaciones se van perfeccionando con el tiempo, apareciendo sinónimos en algunas especies que fueron erróneamente identificadas en su día, pensando que se trataba de especies nuevas, cuando en realidad eran especies ya existentes.
El nombre científico de cualquier especie se compone de dos palabras seguidas del nombre de una persona y de un año como ocurre con el nombre del pulpo de siete brazos: Haliphron atlanticus Steenstrup, 1861. La primera de ellas indica el nombre del género al que pertenece el ejemplar que puede agrupar a una sola (como es este caso) o a muchas especies (como suele ser la mayoría de las veces), y se escribe siempre con la primera letra en mayúscula; la segunda palabra es el nombre específico y sirve para diferenciarla de otras especies del mismo género, y generalmente alude a alguna cualidad que la diferencia, escribiéndose siempre con minúscula; ambos nombres se escriben en letra cursiva o bien subrayado; el nombre de la persona que va a continuación es el del científico o naturalista que primero utilizó ese nombre para describir la especie. Al final se añade el año en el que se publicó dicha descripción en una publicación científica.
Un ejemplo de clasificación de una especie, con sus nombres en latín, tal y como se conocen en todo el mundo, los científicos que descubrieron cada grupo y el año de tal descubrimiento, sería:
Filo MOLLUSCA Cuvier, 1795
Clase CEPHALOPODA Cuvier, 1797
Subclase COLEOIDEA Bather, 1888
Orden OCTOPODA Leach, 1818
Familia ALLOPOSIDAE Verrill, 1881
Género Haliphron, Steenstrup, 1861
Haliphron atlanticus Steenstrup, 1861
Como todo el sistema está en contínua revisión, se necesitan unas reglas de juego de ámbito mundial, y estas forman el “Código Internacional de Nomenclatura Zoológica”, originalmente adaptado por los Congresos de Zoología y, desde 1973, por la Unión Internacional de Ciencias Biológicas. Tiene por objeto promover la estabilidad y universalidad de los nombres científicos de los animales, de tal manera que cada nombre sea único y distintivo. Todas sus disposiciones tienden a estos fines, sin que ninguna restrinja la libertad del pensamiento o de la acción taxonómicos.
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